Acoso Escolar

El acoso escolar para que lo sea debe reunir ciertas condiciones:
Es horizontal ya que el acosador y el acosado se hallan en las mismas condiciones: se trata de acoso entre iguales, el acosador utiliza su fuerza física o moral, para hostigar a compañeros de su mismo nivel.
La intimidación se da bajo ciertas condiciones:
*que la víctima indefensa reciba la violencia del acosador en una relación de poder y fuerza, es decir que tenga más fuerza física, aunque se trate de compañeros de clase.
*que se produzca en forma repetitiva durante un período
*que la agresión sea verbal, física o psicológica
*que puedan existir amenazas o chantaje
*no son simples peleas entre niños o situaciones que puedan resolver entre ellos
*una condición imprescindible es la complicidad implícita o consentida del contexto grupal que colabora, o es testigo silencioso que calla por temor a represalias, por satisfacción o simplemente por egoísmo o desinterés a la situación violenta: “mientras no me toque a mí”
*es una situación grave para todos, hay que defender a la víctima y cambiar la conducta del agresor

Una vez definido el acoso escolar, sería importante reflexionar lo dicho por Inés Dussel: “En la escuela se aprenden muchas cosas más que aquello que dicen los currículos, programas y libros. Así aprendemos modos de relacionarnos, de percibirnos a nosotros mismos y a los otros, de actuar frente a las normas, de plantear acuerdos y disensos … A veces esos aprendizajes resultan productivos y otras veces lastiman y hieren y generan respuestas …”
Tomemos el “percibirnos a nosotros mismos”, pensemos en un niño que está transitando ese camino, y ahora imaginemos en lo que generalmente los adultos (docentes, padres, familia) le dicen más en serio o más en broma: “la manzana podrida pudre el cajón”, “la letra con sangre entra”, “si te agredieron será por algo, pensalo”.
Indudablemente podríamos seguir encontrando ejemplos que seguramente no ayudarán a desmontar la realidad conflictiva de la violencia en las escuelas.
Entonces podríamos pensar que algo importante es lo “dicho” en algún momento, o sea que lo expresado no formalmente, sin pensar a veces, está formando.
Ahora nos debemos preguntar como adultos responsables en qué ayudamos así a hijos o alumnos?
A TENER EN CUENTA: Hay que reafirmar valores para evitar el aislamiento social que conduce a la gestación de la violencia.

Otro factor que falla a veces, son los adultos que realizan automáticamente la acción de “oír”, lo expreso así ya que oír es una habilidad física, la auditiva.
Pensemos que cuando un niño relata alguna dificultad de relación en la escuela, en el club o en cualquier situación grupal a un adulto, en general el “adulto oye”, que no es lo mismo que escuchar, parecen sinónimos, es más, los usamos en la práctica así.
Pero reflexionemos, podemos oír música mientras leemos, y aún con la música comprendemos la lectura, la música es de fondo. Pero si nos leyeran un texto que nos interesa, escuchamos, o sea que prestamos atención, podemos reflexionar, pedir que nos vuelvan a leer un párrafo, podemos opinar sobre el relato y por sobre todo ponernos en el lugar del protagonista.
Ahora veamos el panorama completo: cuando el niño narra una situación conflictiva, en ese momento el docente explica un teorema; la madre cocina para la familia y llama el teléfono. Ante situaciones iguales o similares hay que preguntarse: oímos o escuchamos?
Por supuesto que no podemos pensar que ante cada requerimiento la casa o el aula de congelen y el adulto no haga nada más que escuchar, pero sí se puede prestar atención y buscar el espacio y el momento para ahondar en el relato conflictivo.
A TENER EN CUENTA: El acoso escolar no se soluciona con la desatención e indiferencia de adultos que podrían generar acciones para su posible solución.

ES CLARO QUE LA INTERVENCIÓN DE LOS ADULTOS SERÁ LA ÚNICA SOLUCIÓN YA QUE PODRÁN MEDIAR PARA LA RESOLUCIÓN DEL CONFLICTO.

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